viernes, 17 de abril de 2020

Dramaturgia chilena: El loco y la triste. J. Radrigán.

El loco y la triste es una obra de Juan Radrigán, dramaturgo chileno que se inició como autor dramático en la década del 80.  Nacido y criado en un círculo social y familiar de extracción popular, su educación estuvo enraizada en la casa, la calle y los círculos sociales que frecuentó, aunque fue su madre quien  le brindó la educación escolar inicial. Luego, las lecturas, los amigos y los colegas le dieron las fuentes que alimentaron sus intereses literarios y su amor al teatro. Fue obrero, sindicalista, librero y vendedor, entre otros oficios y, por tanto, los temas de sus obras recorren la esfera social de los marginados que se expresan en dialectos.

En El loco y la triste, dos personajes se encuentran en un edificio semi derrumbado y que no tardará en ser destruido, para dar lugar a otros proyectos. 

La obra presenta dos personajes marginados y solitarios que parecen estar próximos al fin de sus vidas: el loco encuentra el resguardo de la realidad en la bebida, y busca su final en el paraíso que imagina más allá de su muerte; la triste, prostituta ya mayor, trata de encontrar el suyo en una casa, aquí, ahora y en este lugar. El loco deja que a su vida se la lleve la bebida; la triste arrastra la suya en la cojera de su pie.


Opinión personal:
La obra retrata la desigualdad social que lleva a estos dos personajes a ser unos marginados por la sociedad y vivir de aquella manera sus vidas. El plano que nos muestra la obra a través de las condiciones paupérrimas en que viven el loco y la triste, no es más que el reflejo de solo dos caras que esconden las miles de caras de la desigualdad. Y también, en un plano más profundo, el desamparo en que se encuentran los pobres ante un sistema que genera desigualdad, rechazo y marginalidad.

 Por un lado, el Huinca que por su condición de persona en situación de calle prefiere ser un alma errante, que encuentra refugio en alcohol, sin rebajarse nunca ante nadie y sin socavar nunca su dignidad, pues prefiere el consuelo de la botella antes que ser el perro de alguien y ante el cansancio de esta forma de vida que ya le está llegando a su fin, espera la ansiada muerte que lo liberará de este mundo que ya no tiene nada bueno que entregarle. Por otro lado, la Triste, prostituta que desde los 14 años tuvo que arreglárselas por sí sola , lleva una vida entregada a conseguir algo para ella, de no socavar su dignidad y tener que limosnear por ayuda sino que por el contrario, trabajar a extensas de ella misma para sobrevivir pero sin nunca lograr nada más que mantenerse viva, pues sigue siendo pobre y marginada.

Creo que estos dos personajes son el reflejo de la desigualdad en Chile, el Huinca,  de alma errante que prefiere pasar la vida riendo a expensas del alcohol y la Triste, que no tuvo la oportunidad de hacer algo distinto ni un hogar y que pasará su vida sin conseguir nada pues en la pobreza solo alcanza para la vida y ya.


Literatura latinoamericana: 100 Años de Soledad. G. García Márquez.



La novela 100 Años de Soledad es la obra cumbre del realismo mágico, un movimiento literario que muestra lo irreal como algo cotidiano o común, es decir, la realidad  mezclada con imaginación y sin cuestionamiento del fenómeno. Este libro se publicó por primera vez en 1967. 

El relato nos narra la historia de la familia Buendía en Macondo, un pueblo fundado a raíz de una migración de habitantes que decidió internarse por las sierras y selvas y habitó un lugar cercano a un ríachuelo. José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, son los patriarcas de esta familia numerosa en descendencia condenada a la desaparición que, a través de largas generaciones de hijos, nietos, bisnietos, tatarabuelos y demases recorren los albores de la civilización transitando la larga estirpe hacia los cimientos de la sociedad moderna.

Por otro lado, todos los distintos procesos históricos que ocurren en el relato dialogan con los acaecidos en América ya que, este relato individual de los integrantes de la familia Buendía parece introducirse en un relato colectivo, por lo tanto no es solo la historia de Colombia sino de Latinoamérica,dialogando con el lector a través de las guerras, la industrialización, el trabajo asalariado y las revoluciones.

"Uno de los hechos reales que retoma “Cien años de soledad” es el episodio conocido como “La Masacre de las Bananeras“, el cual sucedió el 6 de diciembre de 1928. Este suceso histórico de Colombia ocurrió luego de que una huelga obrera llevaba casi un mes y el Ejército intervino en la defensa de los intereses de la United Fruit Company. El número de muertos es impreciso."

También, las distintas historias de los personajes se van cruzando con la historia colectiva, siendo estos, partícipes de todos los procesos históricos acaecidos, y es más, impulsores de estos en algunos casos. 


 La descripción de una realidad total, desde su nacimiento hasta el fin de este mundo ficticio es relatada a través de un eje que es la familia Buendía, un eje que se va desgastando y consumiéndose en sí mismo.  El tiempo del relato es circular, tal como lo cuentan los mismos personajes o lo evidencia Úrsula en distintos momentos de la obra, las muertes y destinos de los personajes parecen estar sellados desde tiempos inmemoriales, el pasado se retoma y es llevado al presente, el futuro es llevado al pasado y viceversa por lo que al final del relato,  este mundo ficticio es cerrado completamente pues se acaba, la historia llega a su final sin posibilidad de retomarse. El nacimiento y fin de una estirpe y de un pueblo.

(Ejemplo de aquel juego del tiempo que utiliza el escritor; del presente al futuro y del futuro al pasado.)


“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".”